¿En qué se diferencia esto de un administrador de consorcios?
Son dos oficios distintos. El administrador se ocupa de la vida jurídica y económica del consorcio: expensas, asambleas, libros, relación con los copropietarios. Nosotros nos ocupamos de que el edificio funcione: el personal, las instalaciones, los proveedores, las obras, los vencimientos técnicos. Un edificio puede tener las expensas impecables y las bombas rotas, o al revés. Cubrimos la parte que no se ve en el balance pero se nota todos los días.
¿Reemplazan al administrador o trabajan junto a él?
Trabajamos junto a él. No administramos expensas ni llevamos la contabilidad del consorcio, y no buscamos ese rol. Lo habitual es que el administrador nos tenga como el brazo técnico y operativo del edificio, y que el consejo o el propietario tenga un solo interlocutor para todo lo que pasa puertas adentro.
Ya tenemos intendente y personal de mantenimiento. ¿Para qué necesitamos esto?
Justamente para que ese equipo rinda. Un intendente resuelve lo que pasa hoy; casi nunca tiene tiempo ni mandato para planificar el año, licitar una obra, controlar vencimientos normativos o armar un plan de inversiones. Nosotros ponemos esa capa de conducción y método por encima del equipo que ya está, y el propietario pasa a tener el edificio bajo control en lugar de bajo reacción.
¿Cómo empieza el trabajo?
Siempre por un diagnóstico de treinta días. Relevamos el estado técnico de las instalaciones, los contratos y el desempeño real de cada proveedor, la situación normativa y los vencimientos, la dotación de personal y el presupuesto en curso. De ahí sale un informe con los desvíos ordenados por riesgo y costo, y un plan a noventa días. Recién con eso sobre la mesa se decide el alcance del resto.
¿Trabajan con nuestros proveedores actuales o traen los suyos?
Empezamos con los que están. En el diagnóstico evaluamos a cada uno por lo que efectivamente hace: tiempos de respuesta, calidad del trabajo y precio contra el mercado. Los que rinden se quedan y se les ordena el contrato; los que no, se reemplazan con al menos tres presupuestos comparados sobre la mesa. No cobramos comisiones de proveedores ni tenemos empresas vinculadas, así que la recomendación no tiene otro interés detrás.
¿Se puede contratar solo una parte del servicio?
Sí. Se puede contratar un frente puntual: la dirección de una obra, la puesta al día del cumplimiento normativo, la postventa de un edificio recién entregado. La única condición es que dentro de ese alcance tengamos autoridad real para decidir: evaluar proveedores, cambiar rutinas y descartar lo que no funciona. Responder por un resultado sin poder para corregir lo que lo impide no es un servicio, es una formalidad.
¿Qué plazo tiene el contrato?
Doce meses, renovables. El método necesita un ciclo anual completo para mostrar resultados: un invierno, un verano, un cierre de ejercicio y una temporada entera de inspecciones y vencimientos. Antes del vencimiento revisamos los resultados obtenidos contra lo comprometido, y sobre esa base se decide la continuidad.
¿Y si pasa algo fuera de horario?
Hay guardia de urgencias las 24 horas, todos los días del año. Un teléfono directo donde atiende una persona, no un contestador. Durante el diagnóstico definimos por escrito qué constituye una urgencia en ese edificio en particular, a quién se llama, en qué orden y con qué proveedor de guardia para cada tipo de falla. Lo cotidiano se resuelve en horario de trabajo, justamente para que la urgencia siga siendo una urgencia.
¿Cómo sabe el propietario qué se está haciendo?
Con un informe mensual y un tablero que muestra lo mismo que vemos nosotros: rutinas cumplidas, incidencias abiertas y cerradas con sus tiempos, estado de las obras, ejecución del presupuesto y vencimientos próximos. La regla es simple: si algo no está registrado, no ocurrió.